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La naturaleza de la madera

NOTA INFORMATIVA PARA EL CONOCIMIENTO Y USO CORRECTO CONSIGUIENTE DEL PARQUET

Es el material de construcción más antiguo. Un material extraordinario, un recurso que se renueva siempre: la madera está viva y repleta de «secretos». Ligera, resistente, desprende calor y una sensación especialmente acogedora. Precisamente porque la madera es un material vivo, se ha de considerar que su estructura puede verse modificada o alterada por algunos agentes externos a los que permanece expuesta: la luz solar, la temperatura, la humedad, el uso diario. Al comprar un suelo de madera, hemos de saber que este material no presenta las características de uniformidad de color y aspecto estético de un suelo sintético. Por este motivo, suelos de una misma especie de madera pueden ser diferentes entre sí. Las muestras visualizadas durante la elección del suelo dan una idea general, pero no representan el resultado estético final exacto del suelo.

EL COLOR DE UN SUELO DE MADERA

La misma especie de madera puede presentar una variabilidad marcada respecto de las propias características, como por ejemplo el color: variaciones estrictamente dependientes del área geográfica de crecimiento. El color puede variar en una misma especie por la presencia en la misma madera de substancias extractoras, con colores determinados en función de la exposición al aire y a la luz. Por ello es un factor totalmente fisiológico y natural que, con el paso del tiempo, el color de un suelo de madera resulte modificado por los agentes externos. Cuando transcurre tiempo, un suelo de madera, caracterizado por un acabado de color, modifica su color inicial en un modo directamente proporcional a la tonalidad del color. Las especies de madera de origen tropical resultan, por su tipo de naturaleza, más sujetas a las alteraciones cromáticas, con evoluciones que tienden a las tonalidades oscuras. Por consiguiente, cuando se elige un suelo de madera de Afrormasia, Iroko y Doussié, se ha de considerar que cada una de estas especies está expuesta al fenómeno de una forma marcada. En especial, la especie Doussié sufre evoluciones del color de origen a causa del fenómeno de oxidación. La teca, también de origen tropical, con el paso del tiempo y por efecto de la luz, tiende a sufrir un proceso de uniformidad del color en tonalidades medio-claras.

LA ESTRUCTURA DE UN SUELO DE MADERA

Cuando se elige un suelo de madera, constituido por lamas de gran formato, se ha de considerar que, a causa de la tipología de corte necesaria para obtener este tipo de suelo (corte tangencial), pueden verse algunas fracturas ligeras en los radios medulares de la madera. Es un fenómeno típico del producto, que puede sufrir efectos más marcados cuando el suelo permanece expuesto a los efectos de condiciones climáticas particulares. En los suelos, que presentan tratamientos de tipo estructurales (cepillado, corte de piedra y acuchillado), este fenómeno en algunos casos puede crear astillas. En los acabados con poro abierto (Oil UV y acabados al agua), es conveniente considerar que los líquidos pueden ser absorbidos por la madera, por lo que se producirá una alteración del color original con el paso del tiempo. Por consiguiente, se aconseja usar un aspirador para la limpieza y, posteriormente, un paño mojado perfectamente escurrido. El suelo de madera de roble y de haya se caracteriza por veteados rayados junto a la presencia de reflejos, visibles también cuando se elige un acabado de color. Hablando en términos más generales, hemos de reiterar que la presencia de veteados y reflejos se debe considerar un elemento valioso y refinado y no un defecto del suelo de madera.

LA ESTABILIDAD DE UN SUELO DE MADERA

El suelo de madera contempla una estructura estabilizadora. Aunque se ha de considerar siempre que la humedad y la temperatura del ambiente de colocación pueden influir en la estabilidad y causar variaciones dimensionales: ligeras hendiduras entre tiras y microfracturas en la capa noble de la madera son las consecuencias más comunes de una exposición prolongada del suelo en climas excesivamente secos o húmedos. Para evitar dichos inconvenientes, la temperatura ambiente se ha de mantener aproximadamente a 20° C y el nivel de humedad ha de estar comprendido entre el 45% y el 65%, también en locales no habitados.

LA DUREZA DE UN SUELO DE MADERA

A pesar de que cada especie de madera, empleada para crear un suelo de madera, posea todas las características de durabilidad y resistencia necesarias para esta función, los impactos imprevistos, la caída de objetos y las cargas concentradas pueden causar daños superficiales.

LA IMPORTANCIA DE UN MANTENIMIENTO CORRECTO PARA UN SUELO DE MADERA

El acabado superficial es una protección importante para el suelo de madera. Las pisadas continuas, junto a un mantenimiento periódico escaso e incorrecto, pueden influir negativamente en el aspecto de la madera que, a largo plazo, podría resultar matificado y empobrecido. Para mantener un suelo de madera en buen estado, es aconsejable: eliminar el polvo periódicamente; limpiar habitualmente el suelo con un paño bien escurrido, previamente humedecido con agua y un detergente neutro para suelos de madera; tratar el suelo periódicamente con productos protectores a base de resinas en dispersión acuosa autobrillantadores o repulibles según las indicaciones de los fabricantes. La periodicidad del tratamiento protector depende de la intensidad de uso del suelo. Los suelos Itlas están barnizados con productos a base de agua, sin emisiones de substancias nocivas para la salud de las personas. Son suelos perfectamente compatibles con la pisada incluso intensiva, sobre todo en caso de productos con tratamientos estructurales de la superficie.
Se desaconseja el uso de cinta adhesiva en los acabados artesanos ya que la superficie se puede estropear. Los suelos Itlas respetan todas las características de la madera y no se someten a procesos sofisticados con selecciones, que alteran la naturaleza original; el producto acabado se caracteriza por la presencia, en sintonía con la especie de madera, de elementos rayados y flameados, y también por la presencia de hendiduras, orificios y nudos estucados y restaurados, variaciones de color también marcadas, que imprimen originalidad y carácter al suelo acabado.